jueves, enero 04, 2018

Cartas de la Wehrmacht (Mi lectura)


Cartas de la Wehrmacht

Siempre me gustó leer y escribir cartas. Aún extraño el sobre y la letra manuscrita. Durante mi adolescencia, me carteaba con gente de todo el mundo, desde Lituania hasta Holanda y China. Hoy día pasé a intercambiar postales gracias al sitio Posscrossing. Ya recibí correspondencia desde Alemania y Rusia.
El libro del cual hablo en este post, Cartas de la Wehrmacht, compila una serie de cartas que los soldados alemanes enviaron a sus familias durante la II Guerra Mundial. La autora, Marie Moutier, especialista en el III Rich, comenzó a recopilarlas en el año 2012, aunque en el año 2009 comenzó su investigación sobre las masacres en Europa del Este. Entrevistó a testigos de fusilamientos de judíos y de gitanos, siguió los sitios donde se sucedieron los hechos e indagó en varios archivos, como el United States Holocaust Memorial Museum de Washington y el Museo de la Comunicación de Berlín. En estos archivos halló miles y miles de cartas.
Leer  me despertó cierta nostalgia, ya sea porque extraño las cartas en papel, como por tema de la guerra. Fue una experiencia conmovedora leer las misivas que los soldados enviaban a sus familiares. Creo que podemos aprender mucho sobre el presente a través de nuestro pasado. Este libro me ayudó a reflexionar sobre la construcción del enemigo por parte del Estado y las decisiones de vida.




 Estas cartas de soldados alemanes, seleccionadas entre las que se guardan en el Deutsche Dienststelle de Berlín, nos ofrecen el testimonio directo de quienes lucharon en los diversos frentes, desde Francia a la Unión Soviética, durante cerca de seis años. Algunas cartas comienzan en septiembre de 1939 en Polonia, y nos muestran a los soldados tranquilos y confiados; nos relatan en 1940 y 1941 lo que no pasaba de ser un paseo triunfal por Francia, Checoslovaquia, Noruega o Grecia. Pero ya en 1942 y 1943 reflejan todo el horror de los combates en Stalingrado o en los desiertos del norte de África, y acaban, en 1944 y 1945, con la amargura de la derrota.
Las cartas se nos ofrecen aquí con su texto completo, acompañadas de información sobre la personalidad y vida de quienes las escriben, porque lo que más importaba no era reunir noticias sobre la guerra, sino tratar de comprender a quienes la hicieron, seres humanos que se encontraron embarcados en una empresa de muerte contra otros seres humanos.



 
Cartas de la Wehrmacht
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El armado del texto está bien ideado ya que el autor ha organizado las misivas por fecha, de manera que se narra lo sucedido durante un lugar en un tiempo preciso, como el establecimiento de una línea de defensa, el bombardeo de una ciudad, y luego se anexa la carta escrita por uno de los soldados de la Wehrmacht donde uno puede adentrarse en su forma de ver la guerra, sus preocupaciones, cómo era sobrevivir en un búnker. Las cartas están agrupadas de 1939 a 1941, de 1942 a 1943 y de 1944 a 1945. Las primeras muestran la esperanza de expandir Alemania y llevar la “paz” al mundo, y las últimas muestran la resignación ante la muerte posible.
Estos soldados eran banqueros, maestros, carpinteros, profesores, pastores. La mayoría padres de varios niños.

Encarnaban una paradoja: eran seres humanos capaces de dejarse llevar por un furor ideológico y racista y, al mismo tiempo, comportarse como maridos preocupados por los problemas cotidianos del hogar.

Varios aspectos me conmovieron. Uno de ellos es que apelan a llevar la paz a todo el mundo. Idéntico discurso es usado en la justificación de los gastos bélicos o para agradecer el Nobel de la Paz, como el caso del ex presidente Obama. Parece que muchas guerras se libran en nombre de la paz. De la misma manera, las bombas se arrojan por este mismo motivo. Muchos se alarman por el horror nazi, pero dejan de lado el horror que cometió Norteamérica, el único país que arrojó dos bombas atómicas. Tampoco se ha dado mucha chicha mediática a masacres terribles como la de Chatila.
Por otro lado, volviendo al libro, también me sorprendió leer en las cartas que los soldados creían que Dios estaba de su parte. Los rusos creerían lo mismo, los norteamericanos, los franceses, los ingleses, también. Incluso, nombrando al mismo dios: el dios católico.

Más adelante, el ir y venir de nuestros aviones, que lanzan bombas y vuelven después a por más munición. Largas columnas de camiones, caballos, personas, entre ellas refugiados cargados de maletas. Y Dios ve todo eso…


Más adelante, el ir y venir de nuestros aviones, que lanzan bombas y vuelven después a por más munición. Largas columnas de camiones, caballos, personas, entre ellas refugiados cargados de maletas. Y Dios ve todo eso…

Dios nos ayudará a conseguir la victoria.

Algunos podrán oponerse a ver a los soldados alemanes como humanos “normales”. Coincido con el punto de vista del autor:

Comprobar que estos combatientes de Hitler eran humanos puede provocar desazón. Pero esa desazón es precisamente lo que buscamos: si los miramos como hombres, la catástrofe de la guerra nos parecerá aún más horrible. Aquel apocalipsis fue una cuestión de seres humanos. Y deshumanizar a los soldados de la Wehrmacht sería un error.


En  varias cartas se menciona la pobreza y el abandono de los pueblos que ellos conquistaban, sobre todo los poblados rusos. Hablan que la gente vivía en casuchas llenas de piojos y chinches, en la miseria, sin cultivar la tierra. Creían que llevaban progreso, que Alemania tenía la función de compartir sus adelantos con ellos, que ni bien ganase la guerra, los alemanes se encargarían de florecer ese sitio. Los judeobolches había hundido gran parte de Europa en la miseria y ellos eran los encargados de salvar a la gente. Se sentían orgullosos de ser elegidos, buscaban medallas, ser bien vistos ante los ojos de Hitler y de su patria, empujados por el deber de llevar la grandeza del führer.  Cuando leía estas palabras, se me venían a la mente los discursos de los ex presidentes norteamericanos justificando la guerra hacia Oriente, siempre en nombre de la paz, contra la barbarie, por la civilización y el progreso. Idéntico discurso sostenido por las potencias en su expansión colonialista. El mismo sostenido por la Iglesia Católica en su justificación ante las cruzadas, esas limpiezas de humanos “infieles”. ¡Cuánta muerte y sufrimiento en nombre de la paz y de dios!


Cartas de la Wehrmacht
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Otro tema importante que podemos considerar en esta obra radica en la construcción del enemigo. En este caso eran los judíos y los bolches.

Se había preparado ideológicamente a los soldados alemanes para esta guerra. Desde los años treinta, periódicos como Der Stürmer vertían toda su bilis sobre la plaga del bolchevismo y de la «judería» que actuaba en la Unión Soviética.


Se sentían pertenecientes a un grupo de elegidos, los defensores, los salvadores, depositarios de un deber para su nación, una especie de orgullo de pertenencia.

Nosotros, los jóvenes, todos nosotros nos aferramos a la vida y, pese a todo, cumplimos nuestro deber, como lo han hecho todos los soldados durante siglos antes que nosotros. ¿Por qué deberíamos ser peores que ellos? Créeme, no te gustaría que yo fuese un cobarde. 

Toda nación o Estado arma un enemigo unánime. De esta manera, por ejemplo, todos los judíos son “amarretes”. Esta construcción legitima las acciones bélicas, posibilita que el odio eyecte a la población hacia la lucha y a la aceptación de toda esa muerte. Pero no es algo que sucedió solo en la II Guerra Mundial, hoy día países como Norteamérica construyen también su enemigo: los árabes. De tal manera que los árabes son los que matan a las mujeres y las tratan mal. Colocan en el “enemigo” todos los males que ellos padecen. Ese enemigo es un monstruo, incapaz de amar, incapaz de sentir. Esta visión ingenua y simplona impide conocer al otro. Dentro de lo que llamamos “árabes” existe una enorme diversidad cultural y de propuestas pacifistas y con importantes desarrollos espirituales. Pero, así obra la construcción de un enemigo: ellos son los bárbaros; nosotros, los civilizados.


La población se alegra de nuestra presencia. Está deseando ver a Stalin en la horca.

Solo atacamos los objetivos militares de importancia. No hacemos como los Tommies (ingleses) que lanzan sus bombas sobre las viviendas y que se escapan después a toda prisa.

Este país es un desierto miserable. No os lo podéis ni imaginar. Un territorio sucio, habitado por hombres groseros y depravados. No quiero ni pensar qué habría sido de vosotros y de Alemania si estos bolcheviques hubieran llegado al Reich, como habían planeado. ¡Gracias a Dios, lo que ha ocurrido ha sido justo lo contrario! Si los rusos fueran un poco más humanos, si no fueran tan brutales, la guerra ya habría acabado. Pero no son hombres. Son animales. Eso sí, podéis contar con nosotros para encontrarlos, estén donde estén. Estos canallas lo incendian todo, hasta las casas de su propia gente.

Otro tema interesante es la inversión del concepto acuñado por Hanna Arendt: la banalidad del mal. El autor lo invierte y habla del mal de la banalidad para referirse a la mención, en las cartas, de preocupaciones superficiales por parte de los soldados: si conseguían o no cigarrillos, si se acabó la cerveza o si estaba rica la mermelada, en tanto, a unos pasos, unos seres humanos eran fusilados o arrojados a estar de pie a la intemperie de un invierno a temperaturas bajo cero.
Esos hombres, la mayoría de menos de treinta años, incluso menores de edad, compartían un sentimiento de amor hacia sus esposas y familia, preocupados si ellos los esperaban o no, si los seguirían amando.


¿Qué nos deparará el futuro? ¿Sabes una cosa? Creo que deberías hacerte un colgante conmigo y colocártelo en el cuello. Así siempre estaría acurrucado y calentito, y no me apartaría de ti ni un solo segundo.

Amor mío, corazón, no te preocupes, ninguna bala me va a alcanzar. 

Seguramente a estas horas ya estarás durmiendo en nuestra confortable cama. Las estrellas brillan. Yo he elegido a la más bella: tú.

Dejando de lado los horrores cometidos por todos los bandos posibles en la II Guerra Mundial, me causó mucha tristeza leer las cartas de aquellos que a los pocos días murieron. Algunos eran menores de edad, de diecisiete años, o apenas veinte. Planeaban su futuro, creían que aún tenían futuro desconociendo que morirían apenas unos pocos días después, explotados en pedazos o fusilados. Me puso muy triste pensar en cómo un Estado utiliza a los jóvenes para arrojarlos a un moridero.
Uno de los soldados hablaba de lo que le gustaban o extrañaba los himnos de Von Le Fort Gertrud que escribió una serie de poemas cuando se convirtió al catolicismo. Algunos poemas, más allá que no soy de leer mucha poesía de tinte religiosa, son preciosos: 




TRAS LOS PASOS DE LOS SOLDADOS DE LA WEHRMACHT
Se mencionan muchísimos lugares. He registrado solo algunos en el cuaderno donde tomo apuntes en tanto leo: Chasselay (Francia),  Wilhelmshaven, Yitomir (Ucrania), Semlin (Polonia).
Comparto unas imágenes que capturé gracias a Google Maps.

 
Yitomir
Yitomir (Ucrania)

Yitomir (Ucrania)
Yitomir (Ucrania)

Chasselay


Semlin (Polonia)
Semlin (Polonia)


CONCLUSIÓN

Cartas de la Wehrmacht es un libro imprescindible para entender el mecanismo de la guerra, para pensar que no hace faltan monstruos capaces de despedazar seres humanos, sino que cualquiera es capaz de matar. Esto nos tiene que alarmar, ya que solo hace falta un puñado de seres humanos movidos en nombre de la paz o de la libertad o contra un gobierno para llevar a la muerte a miles o millones.

Los lugares de nuestra infancia se desmoronan y desaparecen. ¿Qué nos queda ahora? Las puertas de mi niñez y de mi adolescencia se van cerrando lentamente tras de mí y dentro de poco todo lo que pasó solo estará presente entre los tesoros de unos recuerdos que solo existirán para mí, que crecí en ese mundo ya del pasado. Todo pasa deprisa. Demasiado deprisa como para hacerse a la idea de que para nosotros, los jóvenes, comienza ahora una nueva etapa de la vida, que nos aparta violentamente de ese tiempo que nos llevó de la infancia a la adolescencia…


 Besos y buenas lecturas





2 comentarios:

  1. Holaaa
    No creo que esta obra sea para mi, la verdad, pero agradezco tu reseña
    Un besazo!

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