lunes, septiembre 18, 2017

La casa de los náufragos (Mi lectura)

BOARDING HOME: LA CASA DE LOS ESCOMBROS HUMANOS


Desconocía la existencia de los boarding homes estadounidenses. Gracias a La casa de los náufragos, de Guillermo Rosales, pude enterarme de estas casas particulares que reciben a los “indeseados” sociales, los “anormales” que la sociedad expulsa por no cumplir con los modelos instalados como norma. Me enteré del libro por casualidad y fue una lectura que me atrapó.
      William Figueras es un escritor cubano que emigró a Miami donde viven unos parientes con la esperanza de poder asentarse en ese lugar y arrastrando la desilusión de ver sus sueños de una Cuba libre de capitalismo, convertirse en otro ejemplo de tiranía. Su familia solo lo recibe en el aeropuerto, en realidad solo su tía, para dejarlo en un boarding home. Desde este encierro, escribe esta novela con detalles autobiográficos.
 Los especialistas literarios del gobierno dijeron que mi novela era morbosa, pornográfica, y también irreverente, pues trataba al Partido Comunista con dureza. Luego me volví loco. Empecé a ver diablos en las paredes, comencé a oír voces que me insultaban, y dejé de escribir.




Los boarding homes son hogares de cuidado, en teoría, donde alojan en cuartos compartidos o privados a diversas personas con “problemas” mentales, ancianos, sobre todo, pero también veteranos de guerra, enfermos de Alzheimer y otros enfermos.

Abrimos la puerta. Allí estaban todos. René y Pepe, los dos retardados mentales; Hilda, la vieja decrépita que se orina continuamente en sus vestidos; Pino, un hombre gris y silencioso que sólo hace que mira al horizonte con semblante duro; Reyes, un viejo tuerto, cuyo ojo de cristal supura continuamente un agua amarilla; Ida, la gran dama venida a menos; Louie, un yanki fuerte de piel cetrina, que aúlla constantemente como un lobo enloquecido; Pedro, un indio viejo, quizás peruano, testigo silencioso de la maldad del mundo; Tato, el homosexual; Napoleón, el enano; y Castaño, un viejo de noventa años que sólo sabe gritar: «¡Quiero morir! ¡Quiero morir! ¡Quiero morir!».




            En la novela se narra la vida terrible en esos sitios donde sus habitantes son tiranizados por el dueño de la casa y son objetos, apenas unos humanos tratados como animales. No solo por quienes manejan el sitio, sino también por los mismos médicos. Y “locos” los llaman los demás, pero “locos” también se llaman entre ellos.
            Aislados en esos cuartos, aislados en sus padecimientos y aislados por la sociedad, cada uno se convierte en una isla. Desde el alejamiento, con el deseo de pertenecer al menos a un lugar, amar, ser amado, podemos meternos en la forma de ver el mundo del protagonista. 
            Estas casas no dejan de ser una cárcel bajo la ilusión de la puerta abierta. ¿A dónde podría ir alguien a quien la sociedad lo excluye?
En tanto leía, recordé las imágenes de un hospicio argentino ubicado en Bell Ville, Córdoba, en el 2013. Dejo un link porque las fotos son bastante terribles.

Otro tema que siempre me ha inquietado es la de los suicidios de aquellos que logran una lucidez extrema y que pueden ver el mundo sin ningún barniz. El autor se suicida joven. Justamente, por casualidad, leí otro libro que trata también sobre el sufrimiento que provoca vivir con los ojos bien abiertos.

¿Sabes por qué te volviste loco? Por leer.

           

Imposible no leer del autor luego de terminar la lectura. Sólo se conocen pocas obras ya que quemaba lo que escribía.
Guillermo Rosales nació en La Habana (Cuba) en 1943 y murió en Miami (EEUU) en el año 1993; se suicidó en el mismo boarding home.  En 1967 escribió El juego de la viola que le permitió hacerse conocido como escritor al ser finalista del Premio Casa de las Américas. Pero se exilia en 1979 en Miami y vuelve al anonimato. Y gracias a la experiencia de permanecer dentro de estos refugios de “escombros humanos” publica en 1987 The Halfway House, esta novela de la que estamos hablando y ganó el premio Letras de Oro.
            Han dicho de él: "Nunca antes nadie se atrevió a escribir los otros aspectos de la realidad de Miami. Rosales no era sólo un escritor extraordinario, sino un hombre valiente" (1)

Creo que la experiencia de quien vivió en el comunismo y el capitalismo y no encontró valores sustanciales en ninguna de ambas sociedades (sic), merece ser expuesta. Mi mensaje ha de ser pesimista, porque lo que veo y vi siempre a mí alrededor no da para más. No creo en Dios. No creo en el Hombre. No creo en ideologías.


CONCLUSIÓN


Me gustó el estilo del autor, cuenta de manera directa, sin tapujos ni metáforas ni eufemismos. Por momentos, muy crudo, pero necesario por la temática que aborda y por haber vivido lo que cuenta. En este sentido, la novela es su testimonio de lo horrendo en que algunos seres humanos pueden convertirse y lo que sucede cuando se alcanza demasiada lucidez


Besos y buenas lecturas!

Notas

4 comentarios:

  1. Parece interesante y no lo conocía, gracias por compartir!

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    1. Hola, la verdad que es la primera vez que leo a escritores cubanos del exilio y me encantó, a pesar de la temática delicada. Besos!

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  2. Holaaa
    No conocía la obra pero se ve muy interesante, espero leerla pronto
    Gracias por descubrírmela
    Un besazo!

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    Respuestas
    1. Hola y de nada!
      Está buena porque se basa en la experiencia del autor y no sabía que existían los boarding homes. Espero te guste como a mí. Besos!

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