sábado, marzo 21, 2015

Viajes con mi tía - Graham Greene (frases)




Dimos un breve paseo por el jardín del crematorio. El jardín de un crematorio se parece a un jardín de verdad casi tanto como un campo de golf a un paisaje genuino. El césped es demasiado uniforme y los árboles se yerguen con excesiva rigidez, como en un desfile. Y las urnas recuerdan las cajitas con arena donde se colocan las pelotas de golf.


Nadie puede soportar que no lo perdonen. Ese es el privilegio de Dios.


Las olas que avanzaban y retrocedían sin cesar sobre la playa me hicieron pensar en alguien que tiende una cama y no consigue estirar bien las sábanas.


—Eso de los nombres es muy interesante —dijo mi tía—. Tu nombre de pila es inocuo, incoloro. Es mejor llamarse así que haber sido bautizado con el nombre de Honesto, porque entonces hay que vivir de acuerdo con él. Una vez conocí a una muchacha llamada Consuelo y su vida era muy triste. Atraía a los hombres desdichados simplemente por su nombre, cuando en realidad era ella la que necesitaba consuelo. Se enamoró perdidamente de un hombre llamado Valiente que tenía un terror pánico a las ratas.


—Nunca he planeado nada ilegal en mi vida —dijo tía Augusta—. ¿Cómo podría hacerlo, si nunca he leído ninguna de las leyes ni tengo la menor idea de lo que son?


Y es bueno tener en depósito el recuerdo de unas cuantas locuras, para cuando lleguen los malos tiempos.


Como mis recuerdos personales eran tan pocos, valoraba mucho el sentimentalismo de los demás.


A veces tengo la horrible sensación de que soy la única que todavía encuentra divertida la vida.


Es fácil cometer injusticias con alguien a quien hemos querido mucho.


Una vez leí en un libro sobre Charles Dickens que un autor no debe apegarse a sus personajes: debe tratarlos sin piedad. En el acto de la creación siempre parece haber un terrible egoísmo.
Pienso que la Navidad es una fiesta necesaria; necesitamos un aniversario durante el cual podamos lamentar todas las imperfecciones de nuestros vínculos humanos. Es la fiesta del fracaso, triste pero consoladora.


La lealtad hacia una persona supone inevitablemente la lealtad hacia todas las imperfecciones de un ser humano, inclusive hacia las trapacerías e inmoralidades.


El calor nos estallaba en las mejillas como burbujas de agua.


Las calles laterales se escabullían hacia una naturaleza míseramente montaraz, toda fango y maleza.


Todo cuanto tenía que ver con el gobierno, los negocios, la justicia o la diversión estaba en la misma avenida. Un hotel turístico de cemento gris, a medio construir. ¿Para qué turistas?





Quizá el sentido de la moral es la triste compensación que aprendemos a valorar como premio por la buena conducta.


…la cara hendida por la ancha herida de su sonrisa.


Un muerto no alarma a nadie.


…una luna desvaída nadaba en el pálido cielo diurno: parecía delgada y desgastada como una moneda vieja y sus cráteres eran del mismo color que el cielo, de modo que tenía uno la sensación de atisbar el universo, tras ella, por unos agujeros. No llegaba ningún ruido de tránsito. El clip-clop de un caballo pertenecía al mismo viejo mundo del silencio.



Un hombre sin recuerdos puede llegar a los cien años y sentir que su vida ha sido muy corta.



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