viernes, noviembre 07, 2014

La mujer que vivió un año en la cama - Sue Townsend


La mujer que vivió un año en la camaSue Townsend

SINOPSIS EDITORIAL

El día en que sus hijos, unos gemelos superdotados, se marchan a la universidad, Eva cruza la puerta de su casa y se mete en la cama en pleno día. No está enferma. No está cansada. Y, desde luego, no tiene una aventura. Simplemente, ha llegado el momento de decir basta. Una novela delirante y profunda sobre lo que sucede cu ando alguien deja de ser lo que los demás desean que sea. Una sátira brillante sobre la familia y la sociedad modernas

BOOK TRAILER



AUTORA

Nació en 1946 en Leicester (Reino Unido) y fallecida este año, 2014. Dejó el colegio cuando tenía 15 años. Ha escrito numerosas novelas y obras de teatro. Es considerada una de las escritoras más importantes de su país. Ha logrado reconocimiento con El diario secreto de Adrián Mole, publicado por primera vez en 1982, una obra que consta de varios volúmenes, ha sido adaptada para  televisión, la radio y teatro.
         Otras obras: La reina y yo (1992), Niños fantasmas (1997).


MI LECTURA

Me decidí a leer este libro por la sinopsis porque el título y la tapa no motivaron, ejemplo de que no deberíamos  guiarnos por la fachada pero es inevitable no detenerse en la portada, sobre todo cuando uno no ha leído nada del autor. Cuando leí el título pensé que era una historia de alguien que padece una enfermedad terminal. Nada de esto.
         La mujer que vivió un año en la cama es uno de los libros que más me hizo reír a la par que, en ciertos pasajes, me ha emocionado. Me lo apunto como una de mis lecturas favoritas.  Por un lado, la autora explora el rol de la mujer madre, mujer esposa, quien siempre está disponible para los demás, aquella persona que todos necesitan; por otro lado, también es una sátira sobre las costumbres modernas como el apego a Internet, las relaciones románticas, la familia, la muerte, los ídolos contemporáneos, la medicina y sus agentes, etc. Además, la reflexión en torno al sufrimiento humano recorre todas las páginas, un sufrimiento distinto pero que guarda bajo las capas de diversidad, un fondo común. Entonces, no podría decir que sólo es una sátira, ni un libro de humor, ni un libro sobre un drama. La obra tiene todas esas cosas amalgamadas en forma positiva.
Eva, la protagonista, ha tomado una decisión: se aparta de su vida y se mete en la cama como si fuera un barco a la deriva que espera un nuevo horizonte o una nueva isla. Pero ¿por qué se ha metido en la cama? Eso lo descubriremos durante la lectura.
Me gustó muchísimo la forma de armar a los personajes, desplegando personalidades complejas, con múltiples dimensiones. Me destornillaron los mellizos y sus diálogos, las ocurrencias y su lado más friki ya que siempre me atraen los personajes excéntricos y todas las situaciones fuera de la norma que son capaces de generar.  Otro punto a favor son los diálogos chispeantes, fluidos, que nos adentran directamente en las situaciones que van desde jocosas hasta trágicas.
Otro de los personajes que me gustaron muchísimo fue Poppy, una joven de la edad de los mellizos con una personalidad muy “emprendedora”.



Me hubiese gustado otro final. A medida que leía me imaginaba muchos finales alternativos pero no me esperaba el propuesto por la autora.
La sinceridad de Eva es para aplaudir. ¿Somos capaces de observar nuestra vida y decirnos a la cara aquello que no queremos escuchar?
Me saco el sombrero ante la descripción que hace Eva de sus pormenores para preparar la navidad perfecta para la familia y me sentí tan identificada con la locura navideña, las carreras para conseguir un objeto que se presenta tan distante a la conmemoración del nacimiento de un dios, que no podía parar de reírme y de decirme que sí, es así, es así. La cara asombrada del marido que no podía creer que una velada navideña suponga tanto esfuerzo también me dieron ganas de gritarle que si pensaba que todo brotaba del suelo. El trabajo de ama de casa, decía mi madre, nunca es reconocido. Tenía razón.
El humor me gustó, así como  la forma de alternar situaciones jocosas y otras más dramáticas.
Inmediatamente, no es algo habitual ya que prefiero dejar pasar dos o tres libros, me leí de un tirón El diario secreto de Adrián Mole. Otro libro que va a mis favoritos y dejo para más adelante la reseña.


Comparto uno de mis pasajes favoritos cuando Eva le cuenta a su marido que ahora él tendrá que hacerse cargo de navidad. El marido intenta tomar apuntes. Sinceramente, no podría haber retratado mejor la locura navideña. Es el motivo por el cual he dejado de “celebrarla” desde hace tres años.

—(…)Comprar velas para candelabros... abre paréntesis, comprobar el grosor, cierra paréntesis. »Ir al campo a por muérdago, hiedra, piñas, ramas y diente de león. Secar en radiadores. Comprar pintura en espray de color plata y oro. Aplicar espray en las ramas secas, etcétera. Hacer sitio en el frigorífico. Utilizar sobras variadas para hacer extrañas comidas, disimular sabores con hojuelas de chile y ajo. Ir a carnicería del barrio, pedir pavo. Ver cómo el carnicero se ríe en tu cara. Ir al supermercado, intentar pedir un pavo. Marcharse del puesto de pollería ante el sonido de carcajadas. Comprar diez latas de bombones Quality Street por cincuenta libras. Hacer cola durante una hora y diez minutos para pagarlas. Decidir cuánto gastar en parientes lejanos o cercanos, rastrear las tiendas, no hacer caso de la lista que tienes y hacer compras ridículas e impulsivas. Llegar a casa, descargar los regalos, sufrir de inmediato remordimientos por las compras. Devolver todo al día siguiente y comprar veintisiete pares de calcetines de lana rojos con adornos de renos. Consultar internet, pedir los últimos aparatos técnicos que es imprescindible tener para Brian y los mellizos, descubrir que no queda ninguno en todo el país, ir a la tienda Currys y que un joven te diga que un buque contenedor acaba de atracar en Harwich y que se espera que el camión llegue el 23 de diciembre. Preguntar si pueden pedir tres de los últimos imprescindibles. El joven de Currys te aconseja que te unas a la cola a las cinco de la mañana pues ésa va a ser tu única posibilidad.

—Ir de compras a última hora para comprar ropa para ti, evitar discusiones como la del año pasado cuando Brian dijo: «Eva, no puedes ponerte vaqueros el día de Navidad». Hacer compras impulsivas de chaqueta de punto roja con lentejuelas y falda de encaje negro. En Marks & Spencer, comprar pijamas y batas para los mellizos, igual para Brian. Ir a sección de comida, comprar ingredientes para cena de Navidad para seis, además de tartas, galletas, flanes, pastel de frutas, pan cortado en rebanadas para bocadillos, salmón, etcétera, etcétera, etcétera.

—Supervisor de pollería dice que debes hacer cola desde las cuatro de la mañana para asegurarte de que consigues pavo. Tambalearse en la puerta con bolsas, no encontrar coche, llamar a la policía para denunciar robo del coche, después recordar justo antes de que llegue la policía que llegaste en taxi, llamar a empresa de taxis para que te lleven de vuelta, un hombre con voz agobiada dice: «Imposible, estamos completos por las fiestas de empresa». Llamar a amigos, todos han bebido, llamar a parientes, Ruby dice: «Son las once y media. ¿Cómo voy a hacerlo? No tengo coche». El teléfono se queda sin batería, arrojarlo enfadada a un arbusto lleno de espinas del aparcamiento. Calmarte y buscar teléfono. Encontrar teléfono pero terminar con arañazos y sangrando tras búsqueda. Finalmente, marido denuncia tu desaparición, policía dice que echará un vistazo, coche de patrulla te lleva a casa a la una y media de la noche. Conseguir dormir dos horas antes de ir con coche a Marks & Spencer a hacer cola. A las cuatro de la mañana ser la décimo novena en la cola. Pavo relleno agotado, sólo queda comprar pavo normal con cabeza, cuello y garras. Sus ojos te miran con tristeza insoportable, le pides perdón, crees que en tu imaginación. En realidad, lo has dicho en voz alta y la gente de
alrededor se piensa que estás loca porque has dicho: «Pavo, siento mucho que te hayan asesinado por culpa de una tradición»

—Estar a punto de volver a casa cuando recuerdas que tienes que hacer cola para los aparatos más novedosos. Ir en coche a Currys para ver que la cola ya
sobresale por el aparcamiento. Quedarse o no, ésa es la cuestión. Mientas intentas decidir, quedarte dormida al volante del coche causando un ligero daño en el Renault que tienes delante. Mala reacción del conductor del Renault, como si hubieses hecho daño a sus hijos o matado a su perro. Intercambiar datos del seguro y después darte cuenta de que el seguro ha caducado. Decidir hacer cola y sufrir la insoportable tensión de preguntarte si Currys va a quedarse sin los aparatos antes de que llegues a la puerta. Conseguir llegar al mostrador antes de que los aparatos imprescindibles se agoten. Intentar pagar, tarjeta denegada por la máquina, recibir lecciones de una cajera de doce años que dice: «Si la deja suelta en el bolso seguro que se raya. ¿Por qué no la guarda en el compartimento de las tarjetas de su cartera?». Decir a la niña que seré lo desorganizada que me dé la gana. «¿Tiene otra tarjeta?», pregunta ella. Contestar: «Sí» y rebuscar dentro del sostén la otra tarjeta. Dársela a la cajera, que dice que la tarjeta está caliente, que no funcionará hasta que se enfríe. Esperamos. La gente de la cola de atrás protesta en voz alta por retraso. Gritar a la cola, recibir gritos de la cola, el supervisor trae bandeja con minipasteles de frutas para apaciguar a los fríos y
cansados clientes. Un hombre se atraganta con una pasa que hay dentro del pastel de frutas. Al final, la tarjeta se enfría lo suficiente para insertarla en la máquina y es rechazada para comprar aparatos imprescindibles.

—Suplicar a la cajera que lo intente una vez más. Lo hace... murmura... Creer que ha soltado una palabrota, incumpliendo las normas de Currys. Decírselo, considerar presentar una queja formal, pero cerebro y boca no funcionan, así
que lo dejas. La máquina acepta la tarjeta, lloras de alivio. Volver a casa en coche con pavo y aparatos imprescindibles en el asiento del pasajero, sujetos con el cinturón de seguridad. Regresar a casa y, entre una nebulosa de ansiedad y la falta de sueño, desenvolver el pavo, dejarlo en la mesa de la cocina. Arrastrar la escalera de mano desde el sótano, desenredar las luces de
Navidad, colocarlas alrededor de los rieles, empezar con un diseño artístico en la mente, terminar con las luces de colores lanzadas sobre cualquier estante o superficie. Bombillas fundidas, buscar repuestos. Pedir ayuda para adornar el árbol. Mellizos y Brian traumatizados por la tristeza de los ojos del pavo y aseguran ser incapaces de moverse, jurando que nunca más volverán a tocar ningún tipo de carne. Tachar carne de cerdo y jamón de la lista de comida de Navidad. Entrar en la cocina, ver al gato del vecino atacando la cabeza del pavo, los ojos del pavo expresando lamentos. Por una vez, no golpear al gato con una cuchara de madera sino hacer salir al gato con la cabeza del pavo a la calle. Hay diecisiete bolsas en la mesa de la cocina. Dar un mordisco a una zanahoria, echarte una diminuta cantidad de whisky en un vasito, dar un bocado al pastel de frutas, colocar una bandeja alegre, llevarla a la chimenea de la sala de estar

 


Por Keren Verna


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